“Mira Gastón, vamos a juramentar el FONDEN, prepárate unas palabras que justifiquen su creación en nombre de los motivos más nobles”. Y Gastón se abocó a la tarea. En las primeras líneas de su discurso se refirió al “noble principio de que el ingreso que se genere por la explotación de la riqueza del subsuelo y minerales, propenderá a financiar la inversión real productiva, la educación y la salud”. De aquí en adelante se le ocurrió sugerir que, se cae de maduro, la mejor forma de invertir la renta petrolera en bienestar social es a través de la creación de un fondo en dólares, cuyo aporte se hace de forma pre-fiscal (antes de ser convertidos en el BCV los dólares a bolívares) a unas cuentas en el exterior.

No hace falta ser un erudito de las finanzas públicas para darse cuenta de que invertir la renta petrolera en educación y salud tiene muy poco que ver con la creación de un fondo en dólares en el exterior. Al menos no si se va a invertir en educación y salud en Venezuela. Según el ordenamiento que ha sido derogado (databa de Agosto de 1944), el BCV debía ser el adquiriente “de manera exclusiva” de las “divisas originadas por las exportaciones de hidrocarburos y demás combustibles minerales”. Esto es, PDVSA cambiaba dólares por bolívares en el BCV, pagaba impuestos en la cuenta de la Tesorería Nacional, y de allí el gobierno procedía a ejecutar el gasto en salud y educación, entre otras muchas cosas. Al pasar por la alcabala del BCV, los dólares y los bolívares dejaban una huella contable, convirtiendo al ente emisor en una especie de contralor involuntario de la gestión fiscal.

¿En qué facilita la inversión en educación y salud en Venezuela el que los recursos en dólares permanezcan en un fondo a nombre del gobierno (o de PDVSA, ya da igual) en el exterior, sobre el cual no tenemos forma ni manera de conocer su magnitud, sus aportes, su ejecución, su destino? ¿Eso no tiene más que ver con arrancar el petróleo que con sembrarlo? La palabra “noble” abundó en el discurso; rendición de cuentas ( accountability), ciudadanía, transparencia, no figuran allí para nada.

“Estamos seguros de que con la aplicación de los recursos asignados al FONDEN, así como de la inversión privada para la inversión real productiva… Venezuela marcha por el camino… de consolidar una tasa de crecimiento constante…”. Constante seguro, probablemente alrededor del 1.28% que en promedio ha exhibido Venezuela entre 1979-2004 (aunque en los seis últimos años promedia 0.5%). Más de eso difícil, en un país que en el 2004 recibió la menor cifra de inversión privada de su historia (si se excluye el período de la huelga general), y en donde la relación precio-valor de la Bolsa de Valores de Caracas se ha caído 88.9% en dos años.

Gastón saludó con ánimo la disposición según la cual se trasladarán 6.500 millones de dólares de las reservas del BCV al FONDEN. Esta suma, junto con otros 6.500 millones que serán transferidos desde PDVSA, le da al fondo una dotación inicial de 13.000 millones de dólares para ser gastados con absoluta discrecionalidad. Es decir, si el nuestro sigue antojado de hacer casas en Kingston y en Pinar del Río, en lugar de La Guaira, solamente lo vamos a saber por los reportajes de los medios internacionales. De lo poco sobre lo que no haga alarde sabremos poco.

En lo que quizás no se equivocaron quienes acompañaron a Gastón es en la escasa repercusión popular que medidas como la creación del FONDEN y la nueva Ley del BCV están teniendo por estos días. ¿Cómo se arma una oposición efectiva para enfrentar esa indiferencia ante el deterioro institucional, y a esos 13.000 millones de dólares? De eso se trata.

Miguel Ángel Santos