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Según Pier Bak, lo esencial para producir la caída de un sistema de naturaleza inestable no son los movimientos de las cosas que cambian constantemente, sino los cambios en aquellas que se comportan de forma más estable. Es una idea poderosa, intuitivamente correcta, pero a la que nuestro entendimiento se resiste: Nos gusta seguir el movimiento, predecir tendencias,nos atrae y nos ocupa lo volátil en nuestras consideraciones diarias y descartamos casi sin darnos cuenta las demás, las más estables, las que se mueven muy poco. Aquellas, según Bak, que precisamente tienen el potencial de provocar los mayores colapsos y los grandes cambios.

En la medida en que el año académico se aproxima a su final y Venezuela sigue enredada en enero, he vuelto a pensar en esta idea y en las discusiones eternas que solíamos tener dentro del contexto del Proyecto Pobreza de la Universidad Católica Andrés Bello. Después de miles de encuestas,regresiones y tabulaciones, la conclusión era relativamente simple. En palabras de Luis Pedro España: “Si nosotros hubiésemos nacido pobres, allí estaría mostodavía”. Y es que la pobreza también es hereditaria. Superar esa condición apunta de esfuerzo propio requiere de un sacrificio ciclópe o del que nosotros mismos no nos consideraríamos capaces.

A esas he vuelto por estos días. Por más años que le haya dedicado a estudiar el desenvolvimiento de nuestra economía, las consecuencias de sus innumerables distorsiones, y los esquemas que podrían asegurar que nos fuese un poco mejor, la verdad es que es muy poco probable que un arreglo de políticas super-impuesto sobre los mismos ciudadanos con las mismas costumbres de siempre tenga potencial para producir


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Miguel Ángel Santos