El pasado Martes 29 y Miércoles 30 de Junio CONINDUSTRIA celebró su Congreso Anual con un destacadísimo grupo de panelistas, que aportaron su visión personalísima sobre la orientación que debe seguir el proceso de desarrollo de América Latina y muy particularmente de Venezuela.

Todas las intervenciones referidas al caso venezolano apuntan hacia un diagnóstico de una economía que no crece desde hace por lo menos 25 años. De hecho, cuando uno saca la tasa de crecimiento promedio por quinquenio desde 1950 hasta la fecha, el –3.6% del período actual es el más bajo solamente secundado por el quinquenio de Luis Herrera, con un promedio de –1.2%. Cuando uno traduce ese crecimiento en términos per capita, el –5.4% promedio anual de este quinquenio también es el más bajo, de nuevo seguido por el –3.9% del gobierno de Herrera. Más aún, la diferencia entre el crecimiento económico y el crecimiento de la fuerza laboral también ha alcanzado en estos cinco años su brecha mayor, pues mientras el producto interno bruto cae a tasas promedio de 3.6%, la fuerza laboral crece a una tasa de 3.9%, creando una brecha de 7.5% en términos de puestos de trabajo. En otras palabras, Venezuela no solamente no crece lo suficiente para absorber el incremento de la fuerza laboral todos los años, sino que además expulsa cada año del mercado laboral una cifra similar a la de quienes llegan con intenciones de incorporarse.

Hasta aquí la mayoría de los asistentes coinciden en que la falta de crecimiento económico es un problema no sólo para Venezuela sino también para la región, con los detalles del crecimiento cosmético-estadístico de Venezuela y Argentina (ambas saliendo de grandes recesiones) y el hecho de que mientras todos crecen poco haciendo políticas de sentido común, Venezuela se desploma y se desvive estudiando la manera de despilfarrar los ingresos provenientes de la renta petrolera.

En relación con la prescripción, los organizadores del evento tuvieron a bien estructurar un conjunto de paneles que, en su conjunto, apuntaban hacia la importancia de devolverle la institucionalidad a Venezuela, el estado de Derecho, la eficiencia en la actividad gubernamental, los sistemas de reglas de juego claras y el equilibrio de poderes.

Dos ponencias, sin embargo, llegaron nadando a contracorriente y dejaron confundidos a quienes, hasta entonces, creían tener al menos una fracción de la prescripción del caso venezolano clara. Ricardo Hausmann apuntó que el crecimiento económico de Chile (a quien todos tratan de imitar) palidece cuando se le compara con el caso coreano, enfatizando la necesidad de esquemas de promoción industrial (pick the winners) y la promoción de exportaciones (de vuelta a la historia de la parchita). Dejó claro que las soluciones a la falta de producción y crecimiento están siendo buscadas muy lejos de los sistemas de producción, que temas como las reglas de juego estables y claras, el sistema judicial, el gobierno eficiente, son demasiado lejanos a los sistemas de producción como para explicar su desenvolvimiento. Roberto Rigobón remató la idea diciendo que quizás Venezuela debería mirar más hacia China, a fin de cuentas, ese es un país con un pasado reciente comunista, del que heredó un gobierno autoritario e ineficiente y un sistema de reglas muy poco claras, que se las está arreglando para crecer a tasas de dos dígitos desde hace unos cuantos años.

Desde atrás se podían ver las miradas laterales de los asistentes buscando de donde agarrarse, acaso buscado una mueca de confusión en la cara de alguien que los ayudara a no sentirse tan solos. Para mi la lección de dos días y más de 20 presentaciones fue bastante clara: Si queremos salir de donde estamos y ponernos en la senda del desarrollo, vamos a tener que empezar por prestarnos un poco más de atención a nosotros mismos.


Miguel Angel Santos