Una nota de la redacción indica que el tema de esta breve nota debe ser: ¿Qué tan pobres podemos llegar a ser? Para responder a esa pregunta, es menester empezar por otra no menos urgente: ¿Qué tan pobres somos? La mayoría de las estadísticas las podemos encontrar en el trabajo más reciente de Matías Riutort, profesor e investigador de la UCAB. Según este documento, para el cierre del 2002, 33.2% hogares venezolanos se encontraban en situación de pobreza extrema, es decir, sin posibilidades de adquirir la canasta básica alimentaria. Si para 1998 el ingreso per capita de este segmento cubría el 75% de esa canasta de alimentos, para el cierre del 2002 apenas alcanzaba para 47%. Más aún, a una tasa de crecimiento real del ingreso promedio de 3% anual, una persona en pobreza extrema en 1998 requería 10 años para salir de esta situación, pero esta cifra saltó en el 2001 a 15 años, y al cierre del 2002 alcanzó 26 años. Es decir, o se crece a una tasa mayor (cosa que luce difícil), o simplemente quienes se encuentran en pobreza extrema van a tener que trabajar más del doble de años para salir de esta situación.

En conclusión: Si seguimos equivocándonos en materia de política económica y social, el horizonte de salida de la pobreza de un individuo va a superar ampliamente su horizonte de vida. Ahora bien, ¿Qué tan pobres podemos llegar a ser?. En mi opinión, más allá de la pobreza crítica y su evolución, a la que se refiere Matías, hay una pobreza todavía peor: La pobreza de no poder elegir, de no poder tener una palabra que decir sobre nuestro destino, de no poder autodeterminarnos, la pobreza y la impotencia de no poder cumplir nuestro rol de ciudadanos. Cuando esta otra pobreza venga a acompañar a la pobreza económica, vamos a estar muy cerca de ser todo lo pobres que podemos llegar a ser.

Miguel Angel Santos