Nos ha tomado bastante más que a Aureliano Buendía y Ursula Amaranta darnos cuenta de que nuestra realidad gira en forma circular. La oposición se asoma ahora con curiosidad y cierta excitación infantil a la posibilidad de una victoria electoral en el 2012. Cediendo un poco a las tentaciones de la ingenuidad: ¿Cuál sería el escenario que encontraría? Unas tasas de cambio múltiple, con tres o cuatro bandas y un caos en el sistema de precios. Una inflación artificial, rezagada por los controles y otras distorsiones. Un aparato productivo extenuado, tras más de tres décadas de desinversión y en particular la última en franca destrucción ex profeso. Unas reservas que no alcanzan para respaldar ni la mayor de las tasas de cambio (ya hoy la relación de liquidez a reservas alcanza 9,8 bolívares por dólar). Unas tasas de interés negativas en términos reales, que penalizan el ahorro y estimulan la demanda de dólares o de bienes durables. Y una deuda externa 150% mayor a la de hace doce años.

¿No es ésta circunstancia muy similar a la bomba que puso Jaime Lusinchi en manos de Carlos Andrés Pérez? ¿Y qué ocurrió en aquella ocasión? No se trata de reivindicar a Pérez, como algunos han insistido (defendiéndose) por estos días, sino de tratar de aprender de aquella experiencia y de empezar a trabajar desde ya en evitar un desenlace similar. ¿Y qué quiere decir esto? Por un lado, empezar a armar un gran acuerdo nacional en relación con la necesidad de ciertas políticas. Y por el otro, provocar a Chávez desde la Asamblea (o cruzar los dedos) para que una parte de esas medidas sean adoptadas antes del 2012 y su costo político recaiga sobre él. En la medida en que eso ocurra, la oposición ganará algo de margen de maniobra (el IVA a 15% es un buen ejemplo).

Entiendo que empezar a armar políticas y estructurar acuerdos les puede sonar como muy temprano a algunos (“es que todavía falta mucho y de aquí a allá puede pasar cualquier cosa”), pero se trata de distribuir el trabajo y avanzar en varios frentes. Si la oportunidad llega, el margen de improvisación va a ser mínimo. Chávez sale del gobierno y vuelve a la oposición con al menos un tercio del país detrás de él y unos cuantos miles de millones de dólares en el exterior (que lo respaldan a él, y no a nuestra moneda).

Eso, cerrando el paréntesis de ingenuidad, en el supuesto de que haya elecciones directas en el 2012. No está nada claro. Nuestra circunstancia de hoy tiene un componente muchísimo menor de realidad que cualquier otro escenario alternativo que nos hubiésemos podido imaginar hace algunos años. El nuestro se ha cansado de hacer elecciones. Ya no le sirven. Ahora procura sustituir el sufragio directo por la elección comunal, y que sean los representantes de las comunas quienes elijan a nuestras autoridades. Y la muestra más grande de la impotencia ciudadana han sido las numerosas convocatorias a rezar para que esto no ocurra. Difícilmente haya alguna otra cosa que ilustre mejor la indefensión ante la tiranía. Se nos viene uno de los últimos capítulos. No porque sea el último (los países nunca tienen “último capítulo”), sino porque de escribirse, pasarán unos cuantos años antes de que veamos uno nuevo.

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Miguel Ángel Santos